

Pedacitos de miel, de azúcar, de canela, de limón. También de naranja, de coco, de chocolate recién fundido, de fresas, arándanos y melocotón,... de licores que quitan el sentido, de texturas sorprendentes y de sensaciones que despiertan de un sueño profundo.
Mira y luego cierra los ojos, imagina...
- 1 lámina de masa sablé.
- 3 boniatos (más bien pequeños)
- 200 ml. de nata para montar
- 3 cucharadas soperas de azúcar glas
- 1 1/2 vaso de chupito de licor de almendras
- Pistachos tostados sin sal para decorar
- Azúcar para quemar con un soplete
PREPARACIÓN:
LOS INGREDIENTES PUEDEN VARIAR SEGÚN EL PESO DE LOS BONIATOS, YO COMETÍ EL ERROR DE NO PESARLOS, PERO LA TEXTURA DEBE QUEDAR UN POCO ESPESA, PARA QUE CUANDO LA TARTA SE CORTE NO SE DERRAME POR LOS LADOS.
1. Asar los boniatos al horno y dejarlos enfriar y reservar en la nevera.
2. Forrar un molde de silicona con la masa sablé (yo la compré fresca), pincharla varias veces por la base y los laterales con un tenedor, forrarla con papel de aluminio presionando un poco para que los laterales no se bajen, hornearla según las instrucciones del fabricante, yo la puse 12 min. a 200º y luego la dejé 5 min. más sin el papel de aluminio. Dejar enfriar.
3. Mezclar con la batidora a baja potencia los boniatos con el licor, luego con la nata (no la pongáis toda de golpe, no vaya a ser que os quede muy líquido, id probando hasta que encontréis la textura que os he comentado antes) y por último el azúcar glas.
4. Pelar los pistachos y picar unos cuántos, dejad otros partidos por la mitad.
5. Desmoldar la masa sablé y rellenarla con la crema de boniato, con la ayuda del anverso de una cuchara sopera, presionar ligeramente la superficie para marcarla y que quede con picos.
6. Espolvorear con azúcar y quemar con el soplete.
7. Decorar con los pistachos.
Estoy pasando una etapa un poco complicada emocionalmente, tengo que hacer frente a nuevos sentimientos que desconocía hasta ahora, sentimientos relacionados sobretodo con el desapego. Mi mente está demasiado concentrada en esto, he dejado una parte de mí atrás y voy creciendo a medida que descubro sensaciones que no pensaba que me iban a afectar del modo que lo están haciendo, todo ello me lleva a olvidar otras cosas que no dejan de ser importantes.
Este fin de semana preparé este dulce para nadie en concreto, no sabía si lo regalaría o se quedaría en casa, simplemente tenía la necesidad de volver a prestar la atención a algo diferente, sentía la necesidad de que no se dispersara mi cabecita, de tenerla en su sitio al menos el tiempo que tardé en prepararlo, pensar en su decoración (aunque no es nada rebuscada), ver el resultado fotografiarlo, sin olvidar que, finalmente no pude evitar cortar un pedazo y saborearlo.
No hay nada mejor como un postre sencillo y resultón, éste es uno de ellos... últimamente he visitado algunos blogs que mostraban recetas fáciles de hacer, rápidas y con resultados sorprendentes, creo que tienen mucho mérito por sacar partido de los ingredientes más simples y proponerlos de un modo muy original, apetecible y a menudo mostrando una creatividad muy interesante a mi parecer, estoy aprendiendo mucho de ellos.
Esta bomba es totalmente recomendable, su textura es parecida a la del flan, aunque es algo más contundente, su sabor... ¡delicioso!. La receta... es la típica de la tarta de queso sin horno, con gelatina, ya es conocida por muchos/as de vosotros/as.
Me perdonaréis pero no sé quien fue el primero en inventarla, no me he atrevido a poner una fuente porque la tenía escrita en un papel hace tiempo y no recuerdo de dónde la saqué, pero como ya digo... la he visto ya en muchos blogs.
INGREDIENTES:
- 400 g. de queso tipo Philadelphia
- 500 ml. de nata para montar
- 250 ml. de leche entera
- 200 g. de azúcar glas
- 1 sobre de gelatina en polvo.
- 1 lápiz pastelero de color rosa (de venta en supermercados).
PREPARACIÓN:
1. Poner la gelatina en un recipiente y añadirle 100 ml. de leche fría, mezclar bien.
2. Calentar el resto de la leche (no hace falta que hierba).
3. Volcar la leche caliente sobre el recipiente de la gelatina y remover bien hasta que ésta esté totalmente disuelta. Dejar templar.
4. Semimontar la nata, añadir el azúcar, el queso y por último la leche.
5. Volcar la mezcla en un molde de silicona y dejar reposar en la nevera un mínimo de 4 horas (si el molde no es muy alto cuajará antes.
6. Darle la vuelta al molde encima del plato donde lo vayamos a servir, mojar un paño de cocina con agua muy caliente y ponerlo por encima durante 2 minutos, presionar un poco la base del molde de silicona y de desmoldará bien. También lo podéis congelar durante 2 horas para desmoldarlo más fácilmente y dejarlo descongelar por completo antes de su consumo.
7. Decorar con el lápiz pastelero justo antes de servir.